HeyBeta la operamos dos personas con ayuda de agentes que se encargan de tareas mecánicas y repetidas: ordenar el board, capturar pendientes de las reuniones, preparar borradores. Lo que nunca delegamos es la opinión, el tono, la estrategia y la aprobación final. Contamos cómo funciona porque es la misma lógica que llevamos a nuestros clientes.
Tenemos una regla para decidir qué le pasamos a un agente y qué no. Son tres preguntas: ¿la tarea se hace tres o más veces por semana?, ¿es mecánica y no creativa?, ¿se puede documentar el paso a paso en menos de una página? Tres síes y vale la pena. Un no y lo seguimos haciendo nosotros.
¿Qué hace un agente y qué hacemos nosotros?
Cooper, nuestro agente de operaciones, ordena el board de tareas, hace el triage de la semana y captura los pendientes que salen en las reuniones. Eso nos devuelve horas y saca del medio el trabajo que a nadie le gusta. Pero Cooper no decide prioridades ni habla por nosotros. Esa parte no se delega.
¿Qué se rompió?
Muchas cosas, y es parte del punto. Un agente que resumía reuniones inventaba pendientes que nadie había dicho. Otro publicaba en un tono que no era el nuestro. Aprendimos que la primera versión de cualquier automatización necesita supervisión hasta que se gana la confianza, igual que un empleado nuevo. No lo contamos para vender humo: lo contamos porque es exactamente lo que le pasa a un equipo cuando empieza.
¿Por qué lo mostramos?
Porque cada automatización que armamos para nosotros es también una demo de lo que le proponemos a un cliente. Si no funciona para nosotros, no llega a vos. Y porque ver el detrás de escena —lo que anda y lo que no— vale más que cualquier promesa sobre lo que la IA va a hacer algún día.
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